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Posts Tagged ‘Proyecto Oxirrinco’

Foto: Emilio Perez de Rozas

Interesante entrevisa hecha por Emilio Pérez de Rozas a Josep Padró, presidente de la Sociedad Catalana de Egiptología y director de la misión arqueológica catalana de Oxirrinco:

–Para que se haga cargo del tipo de entrevista: mi compañera Rosa Massagué nos acaba de descubrir que Montserrat tuvo su propio Indiana Jones en la persona del monje Bonaventura Ubach. ¿Qué sabe de sus aventuras por todo Oriente?
–Ubach fue alguien con una enorme capacidad de persuasión, pues convenció al abad de los inicios del siglo pasado para que le patrocinase una doble misión: formarse como biblista y crear la Biblia de Montserrat y fundar el Museo Bíblico.
–Ese poder de persuasión llegó hasta Egipto, pues convenció a sus gentes para que les vendiesen las piezas.
–Eso no era difícil. Tenga en cuenta que hasta los años 50, tú ibas a Egipto con dinero y podías comprarlo casi todo. Ubach lamenta, en sus diarios, no haber tenido más dinero para haber comprado auténticas joyas. En 1855, Egipto creó el Servicio de Antigüedades, que es el que concede los permisos para las excavaciones, y el Museo Egipcio, que controla la legalización de las piezas. Ubach compró todas las piezas de forma legal y, no solo al museo, sino también a particulares, pues cuando tú excavabas, te quedabas con el 50% de lo hallado. Ahora se lo quedan todo ellos, todo.
–Nada de lo que hay en la abadía de Montserrat es, pues, robado.
–Yo creo que nada. Se habla con demasiada ligereza de esas cosas. Los mármoles del Partenón, que están en el British Museum, son comprados, como otras muchas piezas de enorme valor que hay en el Louvre y en Berlín. Por eso Egipto no las reclama, porque le consta que fueron vendidas. No así, por ejemplo, el busto de Nefertiti, la Reina del Nilo, que sí fue robado o extraído ilegalmente de Egipto por los alemanes, tras descubrirlo en una de sus excavaciones. Los museos de Londres, París y Berlín firmaron un documento comprometiéndose a no devolver jamás, jamás, lo que compraron legalmente. Los egipcios lo saben, por supuesto.
–¿Cómo sabe que lo adquirido por Ubach es perfectamente legal?
–Al realizar el trabajo para confeccionar el catálogo de Montserrat, financiado por la familia Uriach para la abadía, encontramos un sarcófago del Imperio Medio. Al darle la vuelta para limpiarlo, vimos una inscripción: era el número de registro de entrada del Museo de El Cairo. En uno de mis viajes a la excavación que la Universitat de Barcelona y la Sociedad Catalana de Egiptología tenemos en Oxirrinco, me acerqué al Museo de El Cairo para conocer quién había sido el dueño del sarcófago, y una conservadora me dijo en perfecto francés: «Es suyo, totalmente suyo, aquí consta que Bonaventura Ubach lo pagó en 1922 y a muy buen precio. Es una excelente antigüedad».
–Estamos, pues, ante un hombre que no solo era persuasivo, sino que sabía muy bien lo que adquiría.
–La colección de Montserrat es amplísima, muy representativa no solo de la cultura egipcia, sino también de las culturas antiguas de Oriente Próximo. Tienen habitaciones enteras llenas de piezas. Lo expuesto es, simplemente, una pequeña representación de lo que tienen. Deberíamos ayudarles a mejorar su exposición. Es más, yo creo que les iría muy bien tener un buen director de márketing, pues la gente sube a Montserrat a ver a la Moreneta y muy pocos se acercan al museo. Hacen mal.
–No me dirá que tienen auténticos tesoros desconocidos para todos.
–Además de lo adquirido por Ubach, que tengo entendido llegó incluso a pleitear, en Irak, por alguna pieza con Max Mallowan, arqueólogo y segundo esposo de Agatha Christie, no hace mucho recibieron una donación de Caja Madrid, que, al quedarse con la Banca Jover, heredó una colección de 103 piezas, entre ellas dos sarcófagos egipcios que resultaron ser, curiosamente, de marido y mujer, muy interesantes, mucho.
–Es evidente que necesitan un director de márketing, no hay duda.
–También poseen una colección de tejidos coptos, papiros y cráneos de momias. Y una pinacoteca catalana, con excelentes obras de Casas y Nonell. Más aún, tiene algo de un valor incalculable para investigadores e historiadores: una de las mejores bibliotecas de egiptología del mundo. Ubach fue tan listo que, concluida la primera guerra mundial (1918), compró, a precio de saldo, las bibliotecas que poseían las ricas familias alemanas que se arruinaron. Esos libros son una mina de conocimientos.
–Conocimientos que ustedes refuerzan en sus estancias en Oxirrinco.
–Trabajar allí, tocar esas piezas, nos produce un placer especial. Lo único que podemos llevarnos de allí es la documentación científica con la que hacer avanzar la ciencia, el conocimiento, pues los objetos que hallamos se acumulan en un inmenso almacén, que esperamos que, algún día, los egipcios conviertan en un museo monográfico. Algún día, sí.

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